El Véneto es sutil hasta en su idioma. Venecia ha modelado el espíritu mercantil durante siglos,
acostumbrándolo a moverse entre tradición y modernidad, entre la conservación celosa de las propias
raíces y la explotación inteligente de lo exótico, de lo que es proprio a otras tierras y a otros climas.
El repertorio gastronómico véneto es variado y sabio, así como lo son todos sus productos, hasta los
más simples de apariencia. Los "risotti", las menestras de verduras o de judías, las "polentas" humeantes,
los ñoquis y los deliciosos "bigoli" honoran el sector de los primeros platos mientras entre los platos de segundo,
el pescado se impone con "sardelle", vieiras, centollos, anguilas, sepias sopas y con
el famoso "baccalà a la vicentina".
Se preparan las carnes del modo más sencillo posible y los platos se componen de muchos animales salvajes y de corral, y también de salsas tradicionales como la histórica "pastizada de caval" veronés.
Los numerosos postres típicos son muchas veces unas preparaciones rústicas con carácter exclusivamente local, pero ciertas de
ellas como el "pandoro" veronés y el "bussolà" vicentino, han extendido su fama más allá de
los confines de la región, como también, los generosos vinos de esta tierra con abundantes vides.